Semana mágica 5

lunes, 28 de diciembre de 2015

¿Sabéis a qué me refiero con "semanas mágicas"?

Gracias a mi primo Antonio y su mujer Laura que me descubrieron un libro estupendo, yo ahora sí.
Brevemente, diré que son periodos de tiempo en los que el bebé se encuentra más irritable, desconcertado, llorón, insoportable, etc; y que coincide con un "salto adelante" en su desarrollo. Es decir, tras pasar ese periodo de irritabilidad, parece ser que el bebé ha adquirido nuevas capacidades.
Aprender puede ser algo muy costoso, especialmente para un bebé que necesita adaptarse a su nuevo mundo y no sabe cómo enfrentarse a la gran cantidad de estímulos diarios que recibe, y por ello en estas etapas, se queja más de lo habitual.

El libro comenta que puede haber un lapso de una semana arriba o abajo y también que depende de si el bebé nació pre-término o post-término. En esos casos, la edad corregida se ajusta más a estos periodos.

Bueno, mi experiencia me dice que la semana mágica 5 o no la he notado mucho, o ha ocurrido en la 6ª semana, cosa que el libro comenta que es probable. Voy a tratar de esquematizar lo vivido como el libro trata de hacerlo, ya que me parece muy intuitivo y sencillo de explicar. Tened en cuenta que esto fue cuando Adri tenía 5-6 semanas, que ahora ya tiene 9 y ha pasado otra crisis pero de esa hablaré otro día, así que se refiere a entonces.

Semana 5

Signos de inquietud

-Puede estar muy alterado.
Vale, partiendo de que en un bebé eso es bastante normal, quiero decir muy pero que muy alterado. Creo que fue la primera rabieta sin consuelo de Adri. Horas llorando y rojo como un tomate por más que tratara de hacer por consolarle. No sabía qué hacer, que podía pasarle, aunque con lo que había leído ya en este libro, pude imaginarme que sería normal. Lo bueno de este libro también es que te da una visión tierna de todo esto. Osea, el niño llora porque es el momento de crecer y ese cambio le abruma demasiado, por lo que lo expresa de esta manera. En mí eso provocó tranquilidad, compasión, cariño, pues era capaz de entender que todo aquéllo tenía una razón y que lo que necesitan en ese momento es tenerte a ti. Puede ser que tu bebé sea muy tranquilo y entonces esta rabieta sea más leve, o puede que sea de por sí bastante nervioso y entonces se desate por completo estos días y os resulte desesperante; pero lo que sí es cierto, es que se produce un cambio en mayor o menor medida.

-Puede reclamar la presencia de su madre insistentemente.
Bueno, en el libro describe como al atenderle tú como mamá, el niño parece sentirse reconfortado. En mi caso fue un poco al revés. Creo que ni mi presencia le calmaba, pues seguía llorando sin parar y hasta me daba golpes del cabreo. No obstante, seguro que tiene razón, pues Adri llora como todos los bebés también para pedir que lo cojas en brazos y aunque eso signifique no calmarse y seguir llorando en tu hombro, muchas veces sabes que lo necesita. Tras pasar por esto, ya son muy pocas las veces que mis brazos no le calman. Pablo lo suele decir. Se pasa el rato intentando que deje de llorar, en brazos, haciendo de todo, y voy yo y lo tomo un segundo y ya se calla y hasta se queda dormido de inmediato. El siempre me dice: ¡¡si yo estaba haciendo eso mismo!! El caso es que es verdad, muy a menudo los bebés lo que quieren es MAMÁ.

En estos momentos, es importante saber que el bebé está pasando por una etapa de crecimiento y que por eso lloran, para que se los coja en brazos y se los tranquilice con el contacto físico. El libro así lo indica y es algo que yo siempre hago, me diga la gente lo que me quiera decir. Es mi hijo y actúo con él como creo que es mejor. Jamás lo dejo llorar. Al contrario, le doy todos los abrazos y el calor que necesite. Ya llegará un día en que no sea capaz de calmarlo con nada. Mientras tanto, no pienso dejar de hacerlo.

¿Qué hago e hice en su día para calmar a Adri?
Bueno, de todo. Digamos que todo un combo.
Caricias y abrazos, cogerlo y ponerlo sobre mi hombro y dar saltitos suaves mientras le susurro en la orejita, mecerlo, hablarle y cantarle sobre todo mucho, darle palmaditas en la espalda, ponerlo sobre mi pecho, entre otras cosas. De todas las cosas que suelo hacer, destacaría dos.

-Romper el llanto con un bañito caliente- Esto es algo que le relaja muchísimo y después casi siempre llega la misma situación: tetita y a dormir.

-Darle el pecho- Incluso cuando no tiene hambre. Hay veces que de solo agarrarlo se queda dormido, tranquilo y suelta una sonrisa. Otras veces, parece que está cabreado también con él, pero no dejo de ofrecérselo, pues llega un momento en que parece que ha tenido suficiente llanto y lo coge desesperado mientras se calma haciendo ruiditos. Esto es muy cansado. Básicamente es estar ahí todo el día, saber que tu pecho le calma como si fuera un chupete (que por cierto Adri no los quiere), pero a pesar de todo eso, es algo que me encanta, aunque desespere a veces.

Cambios en el bebé tras la crisis de las 5 semanas.

-Observa las cosas durante más tiempo seguido y más a menudo.
Definitivamente sí. Adri es súper curioso. En esos momentos, sólo veía bien los contrastes más llamativos pero yo jugaba con él con unas tarjetas blanco y negro, y me impresionaba lo bien que seguía con la mirada la tarjeta cada vez que la movía a su alrededor. También por estas fechas empezó a fijarse más en los rostros, tratando incluso de imitar tus gestos si le sacabas la lengua o le hacías algún ruidito.

-Escucha las cosas más a menudo y presta más atención.
Sí. Adri lo escuchaba todo. Los sonajeros y los juguetes los buscaba cuando sonaban, cualquier ruido alrededor lo espabilaba o le hacía buscar de donde venía y si le hablabas, se te quedaba mirando muy serio como embobado, analizando un poco todo lo que le estabas haciendo.

-Se da más cuenta de que le tocan.
Siiiii. Reacciona a las caricias y si está de malas, te evita incluso cuando te pones cariñosa a sobarle enterito jejeje. Y al revés. Si está mimoso y alegre, le encanta que le toques, le cojas de las manitas y lo sobetees entero de arriba a abajo.

-Parece que percibe mejor los olores.
No lo sé, no he podido comprobar esto.

-Sonríe por primera vez o lo hace más que antes.
Adri sonríe desde que nació, pero en esos momentos era sobre todo al satisfacer sus necesidades más primarias. Después de tomar teta y quedarse saciado, dormidito, al hacer sus cositas y quedarse relajado...
Al mes creo, empezó a sonreirme cada vez que se despertaba al verme aparecer por la cuna, pero aún eran pocas las risas que se le escapaban conscientes por esta época. Ahora tiene 9 semanas y se ríe muchísimo más y contigo de forma social cuando le hablas, le tocas o le haces alguna gracia; pero bueno, esto no entra en este capítulo todavía.

-Emite sonidos guturales con más frecuencia.
Pues sí. Desde "Agaagggaaa", a "Agguuu", "Iuuu", "Auuuu" a algún sonidito que se escapa más definido cuando está contento y hasta él parece alucinar con lo que ha dicho jeje. Esto sólo nos pasó una vez por esta época. Recuerdo que nos dejó alucinados que emitiera una sílaba clara tan pequeñito, pero como digo, fue estando especialmente alegre tras un baño y no volvió a repetirse hasta más tarde, que habrá hecho uno o dos más. Lo demás, son balbuceos.

-Expresa que algo le gusta o disgusta a menudo.
Sobre todo expresa lo que le disgusta. Eso sí que te lo hace saber y bien. Lo que le gusta, ahora lo hace mucho sonriendo pero entonces, intuías que le gustaba porque no lloraba y te observaba embobado.

-Se nota que sabe lo que va a ocurrir. Se anticipa a situaciones.
Yo no diría aún eso. Lo que sí vemos claro es que el baño lo huele de lejos y nada más lo sacamos del salón y empiezo a quitarle la ropa, parece dejar de llorar o lo que sea, para ponerse de muy buen humor.

-Permanece despierto más tiempo y más seguido.
Definitivamente sí. Desde las 3 semanas, pasa muchos más ratos pidiendo entretenimiento durante el día que al principio. Son ratos en los que estaba súper alerta a todo y no tenía sueño. Momentos para aprovechar y estimularlo un poco.
Por suerte, las noches las duerme sin problema. Llegan las 8pm y se queda dormido normalmente tras el baño y la teta y quizás después de berrear un poco. Duerme hasta las 7-8am del día siguiente salvo por las tomas nocturnas, que son un ratito de teta y a dormir sin siquiera abrir los ojos ni rechistar. Osea, que muy bien.

-Su respiración es más regular.
Sí, y si no que me lo digan a mi que me he pasado noches en vela escuchándole respirar. He desarrollado ya un sentido especial para dormir y a la vez conectar mi oído en esa frecuencia que sólo capta su respiración y aisla el resto jejeje.

-Se sobresalta menos que antes y tiembla menos que antes.
Nunca tembló y creo que se sobresalta más. Ahora es más consciente de todo y los movimientos, los ruidos, le impresionan mucho más.

Esos serían los cambios que experimentó Adri en esas primeras 5 semanas. La verdad que hay días que parece sorprenderte con varias cosas nuevas y otros que parece que nada, que dé como pasos atrás, pero todo eso también es muy normal. Tiene días, al igual que nosotros los adultos y cuando lo piensas de semana en semana, es cuando realmente te das cuenta de lo mucho que va cambiando y despertando.

Próximamente escribiré sobre la crisis de las 8 semanas, que en nuestro caso, llegó un pelín antes, parece que se juntaron las dos. También debo alguna que otra entrada de lactancia con nuevas experiencias y los juegos de estimulación que hemos practicado por etapas. Esto último, gracias a otro maravilloso libro del que hablaré otro día.












Lactancia Materna Exclusiva

sábado, 5 de diciembre de 2015

Aprovechando que Adri duerme un rato en su columpio, voy a escribir esta vez sobre mi experiencia como mami lactante.

Yo siempre tuve claro que quería darle el pecho a mi niño y fui a charlas de lactancia para informarme un poco de todo esto. La verdad que me vino muy bien pues ahora, sé manejar situaciones que seguro me hubiesen complicado un poco las cosas e incluso llegado a desesperar, de no haber sabido como actuar.

Una de mis grandes preocupaciones era la cesárea por el hecho de que en ocasiones, parece que el proceso hormonal que te lleva a la lactancia no se desencadena con la misma rapidez que con el parto vaginal, y si a eso le sumas que el tiempo que estás en la sala de reanimación pueden ser unas 3 horas, la probabilidad de que le enchufen un biberón y te lo pongan aún más difícil, aumenta.
Por suerte, en el hospital no le dieron bibi al niño y cuando llegué yo, Adri estaba deseando enganchar teta. Lo que yo pensaba, es que no iba a salir nada, que el niño se quedaría con hambre y fracasaríamos esta misión, pero para mi sorpresa, desde el primer momento tuve calostro y él parecía quedarse satisfecho todas las tomas.

¿Qué es el calostro?
Es un líquido de color amarillento claro que segregan las glándulas mamarias de la mujer hasta que se produce la subida de la leche y se caracteriza por ser rico en proteínas y sales minerales, con una escasa proporción de lactosa.

Al principio, los bebés tienen un estómago muy pequeño, capaz de llenarse con dos gotitas de calostro y tener con ello todo lo necesario para estar bien. En las clases de lactancia nos explicaron como aumenta de tamaño multiplicándolo varias veces en tan sólo una semana. Es por eso también, que al poco del calostro, es cuando se produce la subida de la leche.
En mi caso fue al tercer día. Desde ese momento, ya tenía leche. Parece increíble de lo que es capaz el cuerpo humano. Durante esos días, tuve subidas y bajadas de temperatura que por lo visto son normales mientras se produce la subida. De repente estaba asada y al rato, muerta de frío.

Los primeros días, le daba a Adri el pecho cada poco tiempo para que recuperara el peso perdido tras el parto. Era comer y quedarse dormido feliz en mi pecho hasta la siguiente. Traté de tenerlo al pecho todo lo posible, tanto para comer como para tranquilizarlo. Según me explicó la pediatra, cuanto más esos primeros días, mejor. Así me aseguraba mayor éxito en la lactancia y buena producción de leche. Parecía una vaca lechera todo el tiempo. La gente que venía a verme se reía porque siempre andaba con una teta fuera.

Una vez recuperó el peso, dejé a Adri pedir el pecho cuando le apeteciese. Eso es a libre demanda. Si el niño quiere, me lo hará saber. Y así es. Mucha gente me pregunta que cada cuánto toma, que si ya le toca o no, y yo siempre digo lo mismo: "Pues no sé, cuando él quiera. No sé exactamente a qué hora le di la última vez. Cuando llore, cuando se ponga inquieto..."
A veces es cada tres horas,a veces cada hora y media, a veces con suerte cada 4-5h y a veces cada 20 minutos. El bebé pide lo que necesita cuando lo necesita. Es muy cansado, sí, pero merece la pena.

Lo sorprendente de todo esto es que el pecho está siempre a la altura de las expectativas de Adri. Es curioso, pero si toma poco, lo noto más blando porque no necesita más, y si tiene mucha hambre siento el pecho duro como una piedra y lleno hasta los topes. Algo que he aprendido es que la teta no es como una botella, si no más bien un grifo. Osea, no tiene una cantidad determinada y se acaba, si no que mientras el chupe, saldrá leche.

Hay una fase crítica, que es la crisis de lactancia de los 15-20 días. En mi caso, coincidió con esa fecha y lo que ocurre es que sientes el pecho muy blando, como si no tuviera leche y para colmo, el bebé está continuamente demandando de forma muy continua y exigente. Pareces desesperar un poco porque se engancha con muchas ganas y se suelta medio enfadado y agitado y se vuelve a enganchar como queriendo sacar de donde "no hay". La cosa es que sí que hay. Es normal esto y es normal su comportamiento.
¿Por qué hace el bebé esto?
Porque necesita aumentar tu producción de leche y para ello, pide más y más de forma constante. Es la única manera. Cuanto más chupe, más tendrás. Así de simple.

¿Qué hacer?
Nada. Saber que es normal, que dura unos días (2-3) en aumentar la cantidad de leche y paciencia. Ponerlo al pecho todas las veces que quiera y esto acabará sucediendo. El bebé estará bien alimentado aunque nos parezca que se queda con hambre.

Tras eso, hemos continuado con una lactancia muy exitosa, y espero que siga así. Adrián ha puesto kilo y medio en 28 días y el pediatra está contentísimo. Dice que la teta funciona bien.
Hace mucho que dejé de mirar las horas para darle las tomas, hacemos el día a día normal y cuando quiere comer, me lo hace saber y ahí es cuando le doy el pecho. Que me pilla en casa, estupendo; que me pilla en la calle, pues también. Donde y cuando lo necesite.

Si tengo que resumir lo aprendido estas semanas, creo que estos puntos lo sintetiza bastante bien:

-Lactancia a demanda, sin reloj. ¿Hay algún mamífero que se ponga alarmas para dar de mamar? Yo tampoco.

-Al principio del todo es importante ponerlo mucho al pecho para que incremente tu producción, se acostumbre y te garantice más adelante una lactancia exitosa. Durante estos días al menos, unos 15-20, yo no le di ni chupe ni bibe (ahora tampoco lo hago), pero creo que es el mínimo tiempo que necesita para que se acostumbre a la teta y no a la tetina, que es mucho más fácil de succionar y puede acabar perdiendo interés en el pecho y rechazándolo. No tiene que pasar, pero yo tenía claro que no me iba a arriesgar teniendo todo el tiempo del mundo para echarle paciencia al asunto.

-La teta no es sólo para comer. Adrián me pide también para calmarse, para relajarse o simplemente para quedarse dormido. ¿Qué queréis que os diga? Para mi no hay nada más bonito. Además, se le dibuja una sonrisa cada vez que se queda tan a gustito al pecho que me mata...

-Tanto pediatra, como matrona y ginecólogo me han dicho que se puede comer de todo. Si hay algún alimento que le pueda molestar al bebé a través de la leche, no tiene por qué ser el mismo que le molesta al bebé de la vecina. Es decir, a mi bebé a lo mejor le sientan peor los lácteos pero nada más, y al bebé de la vecina le afectan las coliflores por poner o nada en absoluto en el mejor de los casos. No tiene nada que ver. Puedes comer de todo en una dieta equilibrada.Y si sospechas que algo le puede sentar mal, como me dijo el pediatra, lo dejas unos días, ves su evolución y lo vuelves a tomar. Si se vuelve a sentir molesto, entonces eso puede ser que le irrite o le cause dolor de barriga, pero si no, significa que no le afecta.

-No hay alimentos ni líquidos que aumenten la cantidad de leche que produces. La única forma es que el bebé succione. Cuanto más chupe, más leche producirás. Oferta y demanda, así de sencillo.

-Se pueden tomar medicamentos durante la lactancia si se requieren. Obviamente, habrá algunos que no pero la gran mayoría, y hablo de paracetamol e ibuprofenos sobre todo para los dolores de cabeza o cosas tan corrientes como estas, sin problema. Intento siempre no tomar nada pero si el dolor me vence, lo hago e intento que sea justo después de que el niño haya comido. Ante la duda de qué medicamentos puedes tomar lactando, hay una web muy buena que al introducir el nombre del medicamento, te indica el riesgo que existe para la lactancia. Si aparece en verde, riesgo cero, entonces puedes estar tranquila. Se llama e-lactancia.

-Si se te congestiona el pecho, algo que va muy bien es ponerlo bajo el chorro de la ducha con agua caliente. Si tienes alguna obstrucción, eso además sirve para ablandarla y dando masajes circulares y de arriba a abajo en dirección al pezón, debería irse. Con esto también evitas posibles mastitis.
Y otra cosa. Si tienes la mala suerte de pillar una mastitis, te sale una herida o algo en el pezón e incluso sangra un poco, no es necesario que dejes de darle ese pecho. De hecho, es mejor que continúes normal con la lactancia si la molestia te lo permites. De la infección incluso te recuperarás antes.

-Ya no me hace falta porque creo que tengo el pecho acostumbrado, pero al principio, la crema de lanolina me era muy necesaria para evitar que se me "destrozaran" los pezones. Ha de ser de lanolina 100% porque a parte de que es buenísima, no tienes que quitártela para que el bebé chupe, que además estar lavando los pezones sólo acaba resecándolos más. La que yo uso es de Purelan y la venden en cualquier farmacia.


Bueno, creo que no me dejo nada por el momento. Bien está para 6 semanas. Seguro que dentro de otras cuantas, soy capaz de añadir más cosas. La verdad que estoy feliz de poder estar viviendo esta experiencia de la lactancia y tengo intención de continuar mucho tiempo. Hasta los 6 meses si Dios quiere, será LME (lactancia materna exclusiva) y luego, con la introducción de nuevos alimentos y líquidos, no dejaré de darle el pecho en la medida que lo requiera.




6 semanas post-cesárea: una herida no sólo física.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Hola de nuevo,

siento que lo que escriba a partir de ahora va a ser muy diferente a todo lo anterior, cuando contaba por semanas el embarazo y describía todas mis sensaciones en esos momentos. Ahora me corresponde una etapa nueva, la que se supone hemos estado esperando esos 9 meses con tantas ganas. Mi experiencia de estas primeras semanas como mamá, merece una entrada exclusiva, así que sólo diré de momento, que pese al cansancio y las ojeras, estamos muy felices de tener al pequeño Adrián aquí, que estoy aprendiendo muchísimas cosas a marcha forzada y que todo eso merece la pena cuando el peque me devuelve una sonrisa consciente.

6 semanas desde mi cesárea...esa cicatriz no sólo física, si no emocional también para mí. Creo que no ha habido día que no haya pensado en ello.

Esta semana, tuve control puerperal con mi ginecólogo. Ya me había quitado los puntos y quedaba ver el estado de la cicatriz desde dentro por ecografía.
Mi estado físico, al menos externo, ya es excelente, en el sentido de que desde el día 7-8 post-cesárea, no tengo absolutamente ninguna molestia, como si nunca me hubieran abierto. Ya podía tomar todas las posturas para dormir (de lado, boca abajo), agacharme, levantar las piernas sin sentir ni un sólo tirón o dolor, toser, reir, estornudar, etc. Hablando con otras mujeres de sus cesáreas, creo incluso que a pesar de lo muchísimo que me dolió los primeros días, ahora mi recuperación es estupenda, pues me llegan a contar que aún tienen que ir andando despacito, que les molesta al subir y bajar de la cama y cosas así. Yo, por suerte, si me descuido, hago la maratón. El médico de hecho, ya me ha dado vía libre a hacer deporte, retomar el baile y vida normal. En este tiempo ya he perdido 14 de los 17 kilos que puse, con suerte sin dieta, y mi barriga poco a poco vuelve a ser la de siempre.

Cuando me hicieron la eco, que fue vaginal, metí varios botes de la impresión, pero porque no sabía cómo iba a ser la sensación después de la cirugía. La verdad, me daba mucho respeto. Pensaba que dolería, no sé porqué. El caso es que no. Y el ginecólogo se partía con cada uno de mis brincos.

Vimos la cicatriz por dentro, me la enseñó y me dijo que estaba muy bien, que era una costura muy bien hecha. Lo cierto es que se veía mucho más pequeña que la de fuera, parecía un corte pequeño desde dentro. Me preguntó si daba el pecho de forma exclusiva y le dije que sí. Me contestó que entonces no vería la regla en meses.
Upppss...Fallo! Mi regla ya ha regresado doctor, a los 30 y pocos días del parto y de hecho le pregunté algo que me tenía mosca. Me habían dicho que tras el parto, sea vaginal o cesárea, el periodo suele ser muy largo y abundante y conocía muchos casos a mi alrededor, así que por qué a mí me había venido mis 3-4 días de siempre, con un sangrado exactamente igual que el de siempre, tirando a normal-escaso. Se quedó alucinado con que ya me hubiera venido dando pecho a demanda exclusivamente y me miró por dentro y me dijo:
"Tienes unos ovarios excelentes, eres muy fértil y ya has recuperado esa capacidad de nuevo tras el embarazo. Tú de las antiguas serías ésa que se quedaba inmediatamente después de parir. Lo del periodo, demuestra que recuperas la regularidad enseguida, así que de maravilla. El año que viene te veo con otro embarazo por aquí"

Entre éso y el útero de libro (quizás ya no porque tiene una rajita), me quedo con dos piropos a mi ser interno que debe ser la caña, aunque haya acabado en una cesárea, pues mira, eso que me llevo.

Después, yo le dije que no tenía intención de embarazarme otra vez hasta estar muy muy recuperada, que no quería complicaciones después por la cesárea y que me gustaría intentar un parto vaginal. Me dijo que con un año era suficiente en mi caso y que si me quedaba antes, no pasaría nada tampoco salvo que sería cesárea directa. Le insistí en que yo esperaría más con tal de estar al 100% y me dijo que la diferencia ya no la marcaba el tiempo a partir del año, si no las circunstancias del siguiente embarazo.
Fui al grano y le pregunté: ¿tengo todas las papeletas de acabar en cesárea igual, no?
Me dijo que no necesariamente pero que tengo más opciones porque si me salía otro bebé con la forma de la cabeza del padre (más alargada que ancha parece ser), mi pelvis con su forma particular, no podría dejarlo pasar y que bueno, que si tenía suerte y era una niña,más pequeñita y con la cabeza más parecida a mí, entonces tenía mis opciones si me ponía de parto sola. Vamos... un milagro que se dé todo junto, no? Me sentí bastante mal. Me dijo que Adri estaba muy alto y era lo que había. Me explicó que hubiera salido vaginalmente pero probablemente "destrozado" y sufriendo mucho. Asumo pues, que si eso era cierto, fue lo mejor, pero siempre me queda la duda. O en este caso no, porque aún a pesar de la cesárea, hubo que usar forceps, con lo cual, la cosa era real. Estaba difícil y no emperrarme fue lo mejor para los dos.

Es cierto que comprendo que con doble vuelta de cordón, más bebé descolocado, más encima alto, más bolsa rota, eso acabara en cesárea, pero... No quiero que la próxima vez asuma nadie categóricamente que no puedo con un bebé con la forma de cabeza de mi marido. Y eso de pelvis "especial", ¿ahora por qué? Hace un tiempo tenía la pelvis estupenda. Sinceramente, y de verdad que aprecio mucho su trabajo y es una persona que creo es muy buen profesional, pero llegado el caso, buscaré opiniones, pues no termino de entender cosas. Sé que su decisión fue totalmente justificada esta vez, pero no pienso que ciertas condiciones que a mi modo de ver y por lo que he ido leyendo,sean motivo para hacer otra cesárea tan categóricamente, y que conste que me la haría sin quejarme si así me lo aconsejaran tras preguntar y pedir varias opiniones, por supuesto, pero lo voy a pelear mucho. Desde luego entre cesárea de urgencia y cesárea bien hecha y con tiempo, me quedo con lo segundo.

Con esas me fui de la consulta y tengo que volver en 6 meses.

¿Qué decir de lo que yo siento 6 semanas después?...que aún me pesa, que aún no me he perdonado con mi herida. A pesar de eso, que es trabajo mío, de tanto darle vueltas he llegado a sacar rabia para decir algunas cosas, a mi misma sobre todo pero también a algunas personas.

No hay una sólo forma de traer niños al mundo. Querer que todos los partos sean iguales es una exigencia enorme y muy injusta. Por supuesto que lo más importante es que ambos y sobre todo el niño, esté bien y no haya sufrido, ¿qué duda cabe? Cualquier mamá se rajaría la barriga con tal de asegurar eso y este acto ya de por sí, es una prueba inmensa de amor hacia tu bebé. Por otra parte, a quiénes alguna vez me han dicho "que yo no he parido", personas que me cogieron con la guardia baja quizás en esos momentos, pero que sinceramente, a ti te diría que siento mucho que pienses así. La próxima vez que me suelten un comentario de esta clase, seguro voy a contestar. En esos momentos me entraron ganas de decir: "no cabe ni un tonto más" y me hubiera quedado tan a gusto. Primeramente porque me parece de muy poca delicadeza, educación y tacto decir eso a una persona que ha tenido una cesárea y lo está padeciendo. Porque parece que se le quite mérito o no gane tantos puntos como por tener un parto vaginal, mal llamado a menudo parto natural. La recuperación es muy dolorosa y larga. No, no echo en falta los dolores de las contracciones, yo también las tuve. La cesárea es una forma más de dar a luz. En mi informe pone "parto por cesárea". Y como tal, yo lo considero.

Es posible que recupere esta entrada más adelante si descubro que me quedan cosas por decir, o quizás escriba una nueva donde descargue todos mis sentimientos, pero de momento se queda así. Ya tenía ganas de soltar...
Y bueno, para terminar, decir que todo esto, a pesar de lo que pueda hacerme sentir la herida, empequeñece con cada sonrisa de mi niño, con cada mirada y con todos esos momentos, únicos de amor en los que no cabe ni un poquito de rencor a nada, sólo felicidad, por tenerlo ahí, por verlo tan bien y sano. En esos momentos me digo a mi misma que pasaría por 20 cesáreas con tal de llegar a él y doy gracias al cielo por todo lo que tengo, que es mucho, y una cosa no quita la otra. Soy tremendamente afortunada por tener a Adrián. Te quiero mi vida.








La experiencia de mi NeCesárea

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Esta es quizás la entrada más profunda que escribo. Lo hago con el recuerdo imborrable del nacimiento de mi niño, que aunque fue de una forma diferente a la esperada, no dejó de ser ese momento tan especial para el que había estado esperando todo este tiempo.

Todo iba bien. La última revisión, el miércoles, predecía que me iba a poner de parto pronto porque las contracciones eran ya frecuentes y fuertes, el niño estaba en su sitio y las condiciones pélvicas eran las adecuadas. Me mandaron descansar hasta el sábado, que sería cuando provocarían el parto de no haberlo comenzado antes yo sola.

No parecía haber señales de comienzo de parto. Contracciones, sí, pero no dolorosas y yo no sentía que Adri tuviera ganas de nacer. Seguía como siempre. Sin embargo, el viernes por la mañana, estando acostada en la cama, plácidamente dormida, noto como expulso "algo" líquido que parecía abundante. Me desperté y fui al baño. Tenía toda la ropa interior y el pijama empapados. Me lavé (para nada al final) y aquello no paraba de salir. Era parecido a abrir una fuente, un chorro imparable de agua que salía más y más con cada contracción. Tuve claro que HABÍA ROTO AGUAS!!
Imaginad la pinta con la que llegué al hospital.

Una vez allí, llaman a mi ginecólogo y le avisan de que estoy de parto, que tiene que venir a atenderme. Las matronas (muy simpáticas y cariñosas esta vez) me exploraron primero y pusieron mala cara, cosa que me puso bastante nerviosa. No lo entendía. ¿Por qué? Todo iba bien hace dos días.
Me explicaron que no conseguían tocar la cabeza del niño, si no otra cosa. Osea, que se había movido. Aún así, me enchufaron la oxitocina y me dejaron esperar un poco a ver que pasaba en la espera de que lo valorara mi ginecólogo.

Por fin llega él, y les escucho desde dentro la conversación:

-Doctor, creemos que el niño no está colocado. No sé lo que he tocado sinceramente. El camino está bien pero la postura es muy extraña.

-Me da bastante miedo que salga el cordón antes que el cuerpo. Entonces, tendríamos un problema serio. Es muy arriesgado.

-Sí, yo he pensado lo mismo pero será mejor que entres tú y toques a ver que sensación te da.

Pues en eso que entra él y me repite el tacto y me pone cara de "no hay opciones Irene" y me dice:

-Irene, la cabeza ya no está en posición. Se ha movido. Qué pena porque hace dos días iba todo encaminado y ahora tu niño ha decidido no colaborar. Estas cosas pasan. Esto debe ser una cesárea. Te explico: el problema que tenemos es que la cabeza no está en su sitio, tienes contracciones muy fuertes y aunque el trabajo de parto va muy bien, si sale el cordón antes que el cuerpo, tenemos un problema de irnos pitando a quirófano y hacer algo complicado. Sería una operación urgente ya que tu bebé tiene doble vuelta de cordón y no podemos arriesgarnos a que eso pase. La decisión sigue siendo tuya. Yo te puedo dejar más horas pero eso es lo que va a pasar y tienes que valorar qué os conviene a ti y a tu niño.

La matrona le apoyaba y ya eran varias opiniones más de otras matronas que trabajaban allí, así que viendo que ellos lo tenían tan claro, nosotros decidimos ir a quirófano antes de que la cosa se pusiera fea.

-Tenemos media hora hasta que quede libre el quirófano, Irene.

La matrona me miraba y me cogía de la mano y me decía al verme llorar: "En ginecología, un parto con éxito, no es un parto natural, si no un parto en el que se asegure que tanto tú como tu bebé, vais a estar en perfectas condiciones.Y eso es lo que va a pasar. Estáis los dos muy bien. Piensa eso y que te dé fuerzas."

En ese momento, yo era la más vulnerable del mundo. Lloraba y asimilaba lo que estaba por llegar, sin saber bien lo que me esperaba, sólo imaginándome estar en la sala sola, anestesiada, sin poder participar ni tener a Pablo a mi lado. ¿Cómo sería aquéllo?, ¿me dolería mucho después?
Miedo, mucho miedo. Y soledad...

Llegó el momento...

Me llevaron a quirófano. Yo estaba extrañamente calmada, pues ya sabía que no había otra. Llegó el anestesista y me puso la epidural. Sí, esa inyección a la que yo tenía pánico. Pues bien, ni la noté. Las piernas empezaron a dormirse de inmediato y me tumbaron en una camilla movible, con los brazos estirados, uno a cada lado, conectada a las máquinas que vigilaban mi evolución y con una manta por delante para que no pudiera ver nada.

Me sentí muy mal, como si me robaran el momento. Ahí, sin poder moverme nada, sin saber, sin compañía, con miedo y pensando cosas como: ¿notaré cuando me abran?, ¿será molesto notar como me toquetean por dentro?

Mi ginecólogo empezó a trabajar. Me dijo: "sólo te voy a pintar de momento". Y yo ya no supe ni en que momento me abrió, si estaba dentro o fuera o que estaba haciendo. No notas nada. Ni si quiera supe cuando sacó al niño, de no ser porque lo oí llorar. En cuanto a sensibilidad al momento, cero. A las 12:26 pm nacía Adrián. No se me olvidará esa frase de los médicos. Es mágica.

Él me decía:

-¿Cómo estás, Irene?

Yo le dije:

-Bien, pero estoy temblando.

Me contestó:

-Eso es normal, pero me refiero a cómo te sientes.

Me eché a llorar. ¿Cómo me iba a sentir? Indefensa, sola, asustada, con ganas de estar con mi bebé y con mis planes rotos. Todo a la vez. Lo siento por quien lo haya vivido como una experiencia positiva pero para mi, no lo fue y lo cuento tal y como yo lo sentí.

Resulta que al abrir e intentar sacar al niño, el doctor dijo: ¿pero dónde está la cabeza?, ¿dónde la ha metido?, madre mía, esto no iba a salir de ninguna forma Irene. Menos mal, que hemos intervenido.
Necesito forceps. La cabeza está muy arriba y no la puedo coger.
Ahí, justo en ese momento, es cuando te das cuenta de que no fue una decisión fortuita. Gracias a que pensó con rapidez, la cesárea ahorró mucho sufrimiento a mi niño, que de ninguna manera hubiese podido nacer de forma natural, y la consecuencia fue que el niño ni se enteró. Salió perfecto. Y gracias a esa decisión también, tengo una cicatriz muy bien hecha, trabajada a conciencia porque pudo tomarse su tiempo en dejarla lo mejor posible, sin prisas y asegurándome una mejor recuperación en el futuro. Estas son las cosas positivas que le veo a mi NECESÁREA, las cuales me repito cada vez que me da el bajón para darme cuenta de lo bien que fue todo en realidad y la cantidad de problemas que nos pudimos ahorrar.

Al minuto, me trajeron al niño y me lo pusieron en la cara. Pude olerlo y ver cómo hacía pedorretas mientras me miraba fijamente. Seguí llorando como una magdalena. Y desde ese momento, todo lo que quise, fue estar con él cuanto antes. Que me cosieran y que me llevaran a su lado ya.



Mi médico dijo que todo había salido perfecto. Que el niño estaba increíble, que la cirugía había sido muy buena. Le vi irse y ya me sacaron en la camilla para encontrarme con Pablo y Adrián. Fue un momento precioso. Vi la cara de Pablo, que estaba emocionado, y la matrona me puso de nuevo al niño en brazos. Nos dio un minuto y me llevó a la sala de reanimación hasta que pasara la anestesia.

La sala de reanimación
Me supo tan a poco el ratito que pude estar con ellos, que el tiempo que tuve que estar en esta sala se me hizo eterno. Me dijeron que hasta que no moviera las piernas de nuevo, no me llevarían a planta. Yo intentaba mandar señales a mis extremidades con tal de moverlas de alguna forma pero era inútil. Hay un rato que la epidural dura hagas lo que hagas, pero no dejé de intentarlo. Me desesperaba un poco. Yo quería subir ya y estar con mi niño. Tardé menos en conseguir mover las piernas de lo que tardaron en subirme. Había una cola de camillas esperando subir a planta y claro, había entonces un orden. Yo no hacía más que resoplar, hasta que por fin, dos horas y media después del parto, me subieron a la habitación donde estaba Pablo esperándome con mi niño. Otra de las cosas que peor recuerdo de esta parte, fue cómo trataron de recolocarme el útero tras la cirugía a base de apretarme todo el abdomen y la zona de la cicatriz, como si me estuvieran amasando. Tuve que apretar hasta los dientes. La epidural aún hacía efecto en las piernas pero la incisión se empezó a notar mucho antes de que se pasara el efecto de la anestesia.

En la habitación
Llegué y estaba Pablo haciendo piel con piel con Adrián. El niño estaba muy espabilado y ya pedía teta, cosa que Pablo no podía darle aunque él la buscara en su pecho.
Se llevaron a mi madre y mis cuñados a otra habitación mientras me pasaban de la camilla a la cama, me limpiaban enteran, cambiaban las toallas porque aún sangraba, me sondaban y me volvían de nuevo a amasar toda la barriga y la cicatriz. Tremendo. Eso duele.

Una vez acaban de hacerlo, ya pueden entrar todos y me pone Pablo al niño en el pecho. Se agarra de inmediato y se queda mirándome completamente calmado de repente. Precioso momento. A pesar del dolor, yo necesitaba eso. Era algo que no quería que me quitaran y sabía que tras la cesárea, el tema de la subida de la leche iba a ser difícil y costoso, pero para mi sorpresa, todo lo contrario. Desde ese momento, tuve calostro y leche para alimentar a mi niño que no tuvo que recurrir a bibis en ningún momento y se mostraba satisfecho después de cada toma. Pensé que era muy afortunada por eso.
Lo que pasaba con el pecho es que cada vez que le daba, venían los entuertos. Es naturaleza pura. Cuando el niño mama, hace que todas tus tripas se vayan recolocando más rápido en su posición original y que el útero baje. A los tres días de dar el pecho, ya tenía la matriz abajo completamente.

El primer día lo pasé entero en la cama. Me daban analgésicos fuertes y una de cada dos, Dolantina, un mórfico fuertecito que me iba de maravillas y me ayudó a descansar esa noche. La cicatriz dolía, pero con tanta droga, la notaba menos.
Lo malo fue el día dos. Llega la enfermera y me dice que tiene que levantarme. Yo iba dispuesta al principio, siguiendo sus pautas, pero cuando pasé de tumbada a sentada, me dio tal dolor, en serio, horrible, lo siento pero es así, un dolor fortísimo, como si me abrieran de nuevo y esta vez sin anestesia. Me desmayé y tuvieron que dejarlo para el medio día.
Al medio día, pasó igual. Llegué al borde de la cama esta vez y duré unos segundos espabilada pero en seguida le dije "no puedo,de verdad que no puedo", y me volví a caer. Ha sido el dolor más intenso de toda mi vida.

Me vine abajo porque pensé que ni de coña me levantaría alguna vez de la cama. Además, me quedé tan dolorida que ni los calmantes me hacían efecto ese día y por dentro, sabía que tenía que volver a intentarlo pero me daba pánico. Las visitas de ese día se llevaron de mi una Irene apagada y bastante llorica.
Bueno, pues esa noche llamé a las enfermeras de nuevo y les pedí que me ayudaran a intentarlo de nuevo. Esa vez llegué al borde de la cama y no me desmayé, y después pude ir a la silla para cenar. Duré el tiempo exacto de la cena y vuelta a la cama, pues me dolía mucho y estaba temblando mientras intentaba acabarme el plato. Aún así, me acosté pensando que había sido un avance.

El tercer día traté de ir al baño sola pero me mareaba.Necesité ayuda para ducharme y luego sentarme de inmediato a esperar que se me pasara el mareo. Di algún paseo por el pasillo de la habitación en plan 'pasillo-silla-baño y vuelta'. Poco más. Me seguía doliendo muchísimo y encima habían empezado a reducirme los calmantes, con lo que era capaz de esforzarme menos.

El cuarto día, pude dar más paseos por la habitación y más erguida que el día anterior. Aún así, parecía que iba andando como un jorobado. Lo hacía y me sentaba. Lo intentaba de nuevo a los 20minutos y así. Al llegar la tarde, ya era incapaz de hacer nada más, pues el dolor ya se acumulaba y seguían reduciendo mi medicación.

Todo este tiempo atendí a Adrián con el pecho. No me salté ni una toma. No era capaz de cogerlo de pie ni cambiarle ni nada por el estilo, pero siempre le daba de mamar cuando tocaba. Era mi momento con él, de lo poquito que podía hacer por él entonces.
Hubo una noche que no se calmaba y me lo puse encima. Tomó el pecho y se quedó felizmente dormido encima mia con media sonrisa dibujada en la cara. Yo me quedé dormida con él. Estábamos agotados los dos, pero fue una imagen preciosa y un momento increíble para mi.

Al quinto día nos dieron el alta. No era capaz de moverme bien aún. Apenas logré llegar al coche y a ritmo de tortuga. Pasé el día con mucho dolor pues ya intentaba yo misma no medicarme a no ser que realmente no pudiera aguantarlo. Primer día de adaptación en casa con Adri. La verdad, fue mejor de lo que pensaba. Se portó muy bien y me lo puso tremendamente fácil.

La recuperación
El quinto y sexto día estuve bastante tocada, con dolores fuertes y tirones en la zona de la herida. Apenas andaba por la casa y era incapaz de dar unos pasos sin tener que parar de inmediato y descansar, pues ya había parado la medicación por completo. Pablo me ayudaba a ducharme y era una pesadilla lo inútil que me sentía todavía. Me tenían que asistir con todo: para ponerme al niño encima, para quitarlo y ponerlo en la cuna, para cambiarlo, para llevarme a la ducha, subirme a la cama, etc. Me desesperaba ver lo lento que era aquéllo. No parecía que el dolor fuese a mejorar nunca. Sin embargo, al día siguiente magia. Pude levantarme y andar bien recta. Di un paseo, bajé y subí las escaleras, cogí al niño en brazos y lo acuné de pie, lo bañamos, y lo cambié. Acabé bien muerta y dolorida, pero al final del día. Una grandísima mejoría.
Y así, llegó el octavo, noveno y décimo día. A partir del día 8, ya podía pasear sin cansarme, cocinar, estar por la casa de pie, atender al niño bien, agacharme con cuidado y ducharme sola sin ayuda.
Hoy, 12 días después, estoy practicamente como si no me hubieran hecho nada. De vez en cuando, tira y duele un poco sobre todo si hago un mal movimiento o me río o toso, pero salvo por eso, puedo decir que me encuentro como antes casi. Ya no voy jorobada si no recta y no parece que haya pasado por esa cirugía. Me empiezo a encontrar estupenda y mi ginecólogo, que ya me ha quitado los puntos, dice que ha quedado muy bien la herida y la musculatura. Que me voy a recuperar muy bien.

Mi barriga se ha reducido enormemente y empiezo a tener cintura de nuevo. Ahora tengo ratos en los que miro la rajita y sonrío. Por ahí ha salido mi niño. Esa es la marca que ha hecho posible dar a luz a mi bebé y mejor aún, la que ha hecho que sea posible asegurando que iba a estar bien. Cuando veo la cara de Adri, hasta la raja deja de doler y me saca una sonrisa. Me emociona verla. En serio. Es mi marca de guerra, una salida a la vida.

Ya en casa y mucho más recuperada, empiezo a sentirme yo misma de nuevo, más guapa, más mujer otra vez, más completa y muchísimo más feliz. Tengo momentos en los que veo fotos de mi barriguita y me echo a llorar de lo que echo de menos también esos momentos en los que éramos uno sólo, pero entonces le tengo a él, durmiendo sobre mi, mirándome y sonriendo sin darse cuenta de que lo hace y vuelvo a llorar, pero esta vez de felicidad. Felicidad inmensa por tener algo tan bonito, que me supera en todas las emociones posibles, a mi lado, dependiendo de mi, buscándome y regalándome cada día lo mejor de él.
No tengo palabras. Es lo mejor del mundo... Es amor a primera vista cada día. ¿Se puede dar más siendo tan pequeño?, ¿cómo alguien tan diminuto puede hacerme sentir así de grande?
Debo de estar hormonada todavía por la lactancia porque estoy llorando como una magdalena mientras escribo esto, pero de verdad, que es que a pesar de todo, ha merecido la pena cada uno de los puntos que me he llevado y cada uno de los días que he pasado con dolor. Me acuesto y me levanto cada día pensando lo primero en él. Es mi TODO. Soy mamá, y ya sé lo que significa ser eso.


Para quien quiera, este enlace resume a la perfección lo que sentí durante mi cesárea. He intentado explicarlo yo misma, pero aquí, las sensaciones descritas encajan exactamente con lo que yo viví. Leerlo también me emociona porque me veo a mi misma reflejada en todo lo que dice. Muy cierto todo y muy bonito de leer. Sin lo que dice este post, mi experiencia, la que os cuento aquí, queda algo incompleta. Así, tal cual, fue como yo me sentí. Os lo dejo:
Tres verdades sobre las madres que han pasado por cesárea

La próxima vez, escribiré sobre mi experiencia con la lactancia, que ya os adelanto que va muy bien, sobre nuestros primeros días con Adrián y sobre todo lo que considere que me he ido dejando en el tintero estos días. Ha sido mucho, muy intenso y me queda tanto por contar...







Semana 39

martes, 20 de octubre de 2015

Dichosa semana 39...
¿Qué no ha pasado estos días?, ¡cómo se nota que ya estamos en la recta final!
La verdad que esta semana ha sido agobiante para mí. Voy a empezar desde el principio porque por algún lado tengo que hacerlo, a ver si no me dejo nada.

Todo empezó el lunes de la semana pasada (semana 39). Me levanté con la tensión bastante alta y no podía bajarla de ninguna manera. Para que os hagáis una idea, mi tensión normal es de 10/7 y se me puso en 15/10 en casa y en 16/10 en el hospital. Bueno, ante esos valores, fuimos a urgencias porque es lo que me dijeron que hiciera en tal caso y una vez allí, me pusieron una vía para bajarme la tensión y decidieron ingresarme. Oía a la matrona decir: "con esos valores, tonterías ninguna, a paritorio ya", y los médicos así me lo dijeron también. Nada, que me llevan a monitores para ver cómo va el bebé y me hicieron un tacto. El bebé estaba perfecto, se movía muchísimo como siempre, látido estupendo, todo genial; pero lo segundo no fue bien. Cuando me hicieron el tacto, la matrona dijo: "Uff, esto está cerradísimo. Esta chica no está para parto".

Me llevaron a la habitación y me siguieron controlando la tensión. Llamaron a mi ginecólogo para que estuviera al tanto y me hicieron las pruebas de Preeclampsia. La preeclampsia es una enfermedad que se puede desarrollar durante el embarazo y el síntoma principal, es la subida de tensión a niveles incontrolables. Tiene consecuencias muy serias y por ello, quisieron no arriesgar. Pues me hicieron las pruebas varias veces, en diferentes horas, y todo salió muy bien, con lo que finalmente, mi ginecólogo vio que esas subidas repentinas de tensión no se debían a ningún problema físico, si no que más bien, a mi cuerpo le ha dado por ahí, en la forma de manifestar que se acerca el final del embarazo. Hormonas, cambios y ese tipo de cosas. Como me estabilicé, me mandaron a casa.

Esos días tenía que controlarme la tensión una vez al día a ver cómo iba, y la verdad, el día del alta y el siguiente, pasé por completo. El jueves, me la revisé de nuevo como tocaba y salió de nuevo 14/10... ¡Qué bajón!
Estaba relajadísima en mi sofá, con mi madre al lado que es testigo de ello, y encontrándome super bien. Vamos, no me lo explicaba. De nuevo, no por favor. Pues ala, que de nuevo al hospital con lo mismo. Esta vez me toca una matrona que bajo mi opinión, o lo que a mi me ha tocado de ella, no es nada agradable. Básicamente, me tuvo una hora en monitores sola, sin pasar a decirme si quiera cómo estaba o enterarse de que había pasado. En su lugar, la escuchaba desde mi habitación decir cosas que me responsabilizaban de que me hubiera subido la tensión y se dirigía a mi de una forma poco apropiada. Cuando acabó la prueba, volvió a recriminarme que me hubiera subido la tensión, como algo que era cosa mía porque soy "aprensiva", y por más que yo le decía que no era el caso esos días, la mujer a cada pregunta que le hacía, me repetía lo mismo.

Salí de allí mosqueada y acabé llorando en mi habitación de rabia. Ese día me cogí un buen berrinche pero es que me sentó muy mal. ¡Cómo si yo quisiera estar allí!

Al ratito, me llama mi ginecólogo y dice: "Tenemos que pensar qué hacer ya. No podemos alargar el embarazo más si tienes estas idas y venidas de tensión. Piénsalo y después voy a verte"
Pues fue venir él, que yo ya tenía preparada mi respuesta, y me dice: "te vas para casa". Me alegré, mucho. Me dijo que las pruebas y analíticas seguían saliendo muy bien, con lo que no tenía motivos para tenerme allí, pero que por lo que sea, mi tensión ya oscilaba de una manera que tampoco es conveniente mantener. Quedamos en que nos veríamos el domingo y mientras, le mandaría la tensión tres veces al día para que el comprobara. Por suerte, esos días pasaron estupendamente y no he tenido más picos.

Bueno, pues eso fue el jueves y lo que me dijo después me puso bastante triste dentro de que no es nada malo ni el fin del mundo, pero vaya, me afectó. Me dijo que parecía que no tenía el cuerpo preparado aún para el parto y que dado que no quería esperar mucho más, las probabilidades de cesárea eran inmensas. Que creía que tenía la pelvis estrecha y que eso es lo que casi seguro pasaría. Me dijo que el lunes (osea ayer) era un buen día para inducir el parto, osea que me veía ya en quirófano. Lo admito, sentí mucho miedo, no estar preparada, lloré, y me fui asimilando la idea sin querer creerlo mucho con el paso de estos días igualmente.

Lo bueno de todo es que no hay ningún problema ni conmigo ni con mi bebé, quiero dejarlo claro porque todo esto parece muy serio pero por suerte, estamos fenomenal. No tengo ninguna enfermedad con la tensión ni nada físico, Adrián está que ni se entera moviéndose como siempre feliz, todo sigue su curso y la única razón por la que mi doctor quería hacer las cosas así es porque decía que para qué arriesgarnos a que la situación se dé de nuevo y tengamos que hacer el parto o la cesárea deprisa y corriendo, en lugar de hacer un trabajo bien hecho. Que con embarazadas ya tan a punto no se la juegan y siempre te controlan mucho.

Bueno, pues llega el domingo y vamos a la revisión con mi ginecólogo como tocaba, imaginando que me iba a decir: "prepárate que ya mañana nos ponemos a ello". Me hace una eco para ver cómo iba Adri y resulta que sigue estupendo. Tiene líquido aún, un tamaño perfecto (3.500kg) y se mueve como siempre, mucho. Sus latidos siguen el ritmo normal, lo que indica que no ha empezado a agobiarse con el trabajo de parto ni nada, con lo que sigue a gustito dentro. Le mira el flujo también para ver cómo le llega el oxígeno, el estado del cordón y todo bien igualmente, Vamos, un bebé bien hecho como él nos dijo. De ahí dedujo que de nuevo, el bebé está más feliz que unas castañuelas ahí dentro, que para qué sacarlo ya, que seguimos esperando a ver si me pongo sola de parto.

Me repitió el tacto él esta vez y yo que esperaba ya con mi cara de desilusión lo mismo que la anterior, de repente dice: "Uy, esto tiene buena pinta. Ya has borrado el 60% del cuello y de pelvis estrecha nada, está en muy buenas condiciones. Creo que vas a ser buena paridora."
Así que de golpe y porrazo, se me dibuja una sonrisa en la cara y la cosa pinta que si Dios quiere, el parto será natural. Me citó de nuevo el miércoles, o sea mañana, y de momento, controlar la tensión igual tres veces al día y esperar que no se descontrole ni una vez más con suerte.

Parecía una cosa rara hasta que me puse a comentarlo con las vecinas, u otras mamás que conozco y resulta que eso del descontrol final de tensión, es algo bastante común muchas veces. Mi médico me dijo que es como a quien le da por tener anemia al final, diabetes o cualquier cosa así. Pero la verdad, como se suele decir, mal de muchos, consuelo de tontos. Ya no me sentí tan rara.

Todo ha ido bien desde entonces, la verdad. Ayer empecé con contracciones. Eran intensas pero no me dolían nada de nada, eran cada pocos minutos y me llevé así cerca de 3 horas. Mi madre se pensaba que estaba de parto, Pablo igual y yo diciendo que seguro que no, que lo notaría mucho más si así fuese. Nada, al final, por insistencia popular, escribo a mi médico a ver que me dice y su respuesta fue que me diera una ducha y si no se iban, para la clínica. Pues oye, magia, se fueron. Y así todo quedó en nada de nuevo. Por otra parte, yo estaba tranquila y muy contenta porque para mi, aunque fueran indoloras, esa frecuencia y ese cambio, significaba quizás que mi reloj se había puesto en marcha solito y eso es lo que más deseo en estos momentos porque cada día estoy más cerca de tenerle en brazos.

Pues eso es todo. Como veis, un poco estresante. Por suerte, tengo a mi madre y a mis cuñados cerca, que me entretienen todo el tiempo mientras Pablo trabaja y parece que los días pasarán volando. Estoy muy contenta, tranquila y deseando que llegue todo, eso sí, sin sustillos ni sobresaltos como los de esa semana jejeje. Lo próximo que toca es otra ración de monitores mañana para ver las contracciones y demás, revisión con mi gine, y después, veremos que me dice. Espero y pido porque todo siga igual de bien que hasta ahora estos últimos días y que Adri llegue, cuando tenga que llegar.

Hoy, 40 semanas. Ya estamos cumplidos. Bonito día. Ya he hecho un bebé jeje.

La próxima entrada, ya os podéis imaginar cual será :).




Qué llevar al hospital para dar a luz

domingo, 18 de octubre de 2015

Ahora que ya lo tengo todo preparado parece más fácil escribir sobre ello, pero esto no ha sido así hasta hace unos días prácticamente. Tenía multitud de listas de éstas que te regalan en las tiendas tipo Prenatal, Mothercare, de las que te mandan por Internet desde cualquier web en la que te hayas registrado durante el embarazo, lo que te aconsejan los demás, etc. Al final, mi maletilla es un poco una mezcla.

Lo primero que he pensado es que a mí no me gustaría verme echando nada de menos en el hospital. Al ser un centro privado y tener mi habitación, tener alguna cosa de más en mi maleta o en su defecto, en el coche por si acaso, no me parece mala idea. Por un lado, he preparado una bolsa pequeñita con dos mudas para vestirme al salir del hospital, una más ligerita y fresquita por si hace calor (el año pasado un 27 de Octubre me estaba bañando en la playa), y otra de jersey y leggin por si hace frío, que parece ser que es la tendencia de los próximos días. Como por aquí, no se sabe, yo prefiero ser precavida. Total, bien dobladito me ha ocupado una mini bolsita e irá al coche, así que una cosa menos.

La maletilla
En mi caso, algo un poco más grande que una tipo equipaje de mano. En ella, llevo ropa para el bebé, lo necesario para sus cuidados los primeros días en el hospital, descartando todo aquello que me proporcionan allí, que lo sabemos de antemano; y mi neceser personal con un poco de todo. Ya que tampoco sabes cuánto te vas a quedar, que las pintas que se te quedan después de dar a luz no son las mejores, que vas a estar recibiendo visitas y que es uno de los acontecimientos más importantes de tu vida, yo soy de las que opina que "antes muerta que sencilla". Comodidad ante todo, pero guapa también. Tener mis cosas básicas de higiene y maquillaje, me parece muy necesario.

Empiezo por la canastilla del bebé:

-Al menos dos mudas completas por día de ingreso: yo llevo pijamas, bodys a porrón (nunca sobran), algún conjuntito de camisetita y polaina y la ropita para salir del hospital. Llevo ropa de la talla 50, que es la de primera puesta, y por si acaso, alguna cosa de la siguiente, la talla 56.

-Manoplitas para que no se arañen con las uñas. Llevo un par de juegos.

-Calcetines: varios pares. Con uno por día de ingreso como mucho vale, pero como no ocupa nada, yo he llevado los que tenía en una mini bolsita.

-Baberos.

-Gasas para cubrir, cambiar o arropar al bebé: llevo dos.

-Toquilla de recién nacido.

-Dos chupetes.

-Toallitas para bebé: llevo varios paquetes porque imagino que con la falta de experiencia, las gastaré bastante rápido. Llevo unas de Dodot especial para recién nacidos, y otras de Johnson Baby que llevan incorporado el aceite para el cuerpo, también desde recién nacidos y que sirven para limpiar desde la carita hasta el culete. Me las recomendaron mucho y tengo que probarlas.


Y ahora mi maleta:

-Pijamas o camisón para los días de ingreso: yo llevo dos camisones de lactancia.

-Ropa interior de algodón: llevaré como 10 mudas. Quizás soy muy exagerada, pero me gusta estar bien limpita y no sé cómo se va a dar la situación, así que más vale que sobre...

-Sujetadores de lactancia: llevo dos.

-Ropa para salir del hospital: un conjunto por si hace frío y otro por si hace más calor. Lo mismo, como no se sabe, mejor prevenir. Ambos sueltecitos y cómodos.

-Zapatillas y calcetines.

-Una bata.


El neceser:

-Cepillo y pasta de dientes.

-Cuchillas de afeitar.

-Toallitas íntimas y jabón íntimo.

-Champú, suavizante y gel: llevo botecitos pequeños que compré en Ikea para rellenar. Así ocupa muy poco espacio.

-Jabón para la cara y cremas.

-Maquillaje, of course!

-Cepillo y peine para el pelo.

-Pinzas de depilar.

-Crema de lanolina para los pezones.

-Discos de lactancia.

-Colonia.

-Desodorante.

-Crema antiestrías post-parto y aceite rosa mosqueta.

Pues así he compuesto yo lo que quiero llevarme para el hospital y estar segura de que no echo en falta nada. Además de todo esto, acordaos de llevar: cargador móvil, cámara de fotos y/o vídeo y algo de música por si os la dejan poner.

¡¡¡YA ESTÁ TODO LISTO!!!



Semanas 37 y 38

viernes, 9 de octubre de 2015

Bueno, aún estoy dentro de la semana 38 pero a pocos días de alcanzar la 39 y creo que hay bastantes cosas que ya puedo contar de éstas. Si acaso algo nuevo sucediera, lo añadiría después a modo diario y ya está, pero hoy tengo la necesidad de escribir un poco, así que "palante" con estas dos semanas del tirón.

En la semana 38 hemos tenido revisión completa, con analítica del 3er trimestre incluída + primera vez en monitores (correas). De hecho, de esto último, vengo justo ahora y como que la experiencia no ha sido del todo muy relajante para mi. Os voy contando...

Las consultas
La revisión del martes con mi ginecólogo bien como siempre. Miramos el peso, la tensión, al bebé y me entrega los resultados de la analítica de este trimestre. De nuevo, me pidió mirar la rubeola, el VIH, bacterias, virus, y la toxo otra vez. Todo negativo excepto la toxoplasmosis que sabemos desde el principio que me sale positiva (Inmune). Vamos, todo estupendo por aquí y menos mal, porque desde el primer INMUNE a la toxoplasmosis, me lo he pasado comiendo chacina y jamón de toda clase sin ningún reparo. Como dice la matrona, "todo lo que cuelga de un hilo me lo puedo comer tranquilamente". Lo malo de esta vez, que me volvió a dar al análisis de orina con literalmente "abundantes bacterias". Ya estamos. Infección, sí o no? Pues eso, el rollo de siempre. Pedir un urocultivo y ver que sale. Yo suelo notarme mal siempre que las tengo y me encuentro bien, así que igual me ha pasado como la última vez que me lo hicieron, que salió la analítica con este mismo resultado y luego el urocultivo negativo. Cruzo los dedos.

El bebé pesaba unos 3,2 kg en la semana 38. Dice que es normalito, que tampoco es grande, pero aún le quedan dos semanas aprox. para seguir engordando. Como todo, estas cosas tienen cierto margen de error, aunque tanto por arriba como por abajo. Poco más que decir al respecto. Ya quiere que nos veamos cada semana para ir controlando como marcha la cosa.

Otra cosa, mariposa. Hoy, hemos ido a monitores, o las correas, como se les conoce también. Al final, Pablo no ha podido entrar conmigo, con lo que he tenido que estar yo sola en la sala. Es llegar allí, y me meten en una sala de parto, me colocan las correas (una para oir el corazón del bebé y otras para ver si hay o no hay contracciones). Me miden la tensión, mal asunto. Ya sabía yo que no pintaba bien la cosa. En esa situación y con mis antecedentes siempre que me miden en el médico, hospital o alguien con bata blanca o azul, sabía que se me dispararía pese a mis intentos por relajarme. O sea, no sé cómo explicarlo, pero en esos momentos en los que sé que la maquinita está pendiente de mis pulsaciones, que las siento en estéreo encima por lo apretado que tengo el brazo, es que no me sale ni hacer respiraciones, se me olvida como se respira relajadamente. Siempre me ha pasado, siempre. El famoso síndrome de la bata blanca. No hay nada que puedas hacer por ello, o conmigo al menos todavía no lo han conseguido. Siempre tengo que medirme yo en casa y comprobar cómo mi pulso se normaliza conforme me alejo de los médicos jeje. Pues hoy no iba a ser menos.

Me toma la matrona la tensión y sale 13/9.2 y me dice que me la va a medir otra vez. PEOR. ¡Qué presión! Me la vuelve a tomar y con todo mi empeño por respirar, cerrar los ojos y tratar de tranquilizarme, sale 12.7/9.1. Pues nada, ahí me dejan con las correas 40 minutos sola en la sala. A todo esto, tengo que añadir que el sonido constante del corazón del bebé, con los saltos que pega de vez en cuando, los pitidos de la maquinita, que estaba sola y que justo en la habitación de al lado había una señora pariendo, no ayudaba nada de nada. El ambiente era cuanto menos, un pelín estresante para mi. Podía oir a la matrona hablando con la mujer y diciendo: "Venga, te voy a romper la bolsa", "¿ves cómo sale todo el líquido?" y cosas así de relajantes.

Al terminar, la matrona viene y mira la hoja que han dibujado las correas. Arriba, se ve el ritmo del bebé y sus movimientos. Me dice que estupendo, que el niño se mueve muchísimo, que eso está genial. Abajo, se interpretan las contracciones uterinas y su intensidad. Bueno, no me ha dicho nada y es que yo al menos, no he notado nada. Sale algún pico, pero el máximo llega a 30pico% (sobre 100% intensidad) y el resto, que son pocos, en torno al 20%. Vamos, una chuminá. Nada.

Antes de dejarme salir, me insiste en lo de la tensión y le trato de explicar lo que me pasa. Me pregunta qué opina mi ginecólogo de esto y se lo cuento. Le digo que tengo un tensiómetro en casa y que llevo una agenda diaria de tensión, que nunca la tengo alta y que esos datos se los voy llevando yo siempre a él, que se queda tranquilo porque ya se lo conoce. Me dice que nada, que le enseñe los resultados del monitoreo en la próxima cita y que me controle la tensión, que si me sube a 9 la mínima y no soy capaz de bajarla relajándome, que vaya porque es un tema serio. Pues nada, me he ido de allí un poco asustada y dudando de mi capacidad para relajarme después de todo lo dicho. La sensación es la de: tengo que relajarme y me saldrá la tensión bien, entonces no tendré que preocuparme de nada, como siempre hasta ahora, pero cuanto más lo intento y más recuerdo que si no lo consigo, tengo que ir a que me miren, peor, creo que sube más todavía. En fin, he llegado, me he cambiado, me he sentado tranquilamente y a los 10 minutos me la he tomado. Con miedillo, lo reconozco. Y ha salido otra vez normal: 11.1 / 7.6. Fin del problema. Adjunto prueba de ello. Que no se diga.
 
 
Lo que yo he sentido
Estas semanas lo mismo que la anterior. Casi siempre un poco más de cansancio, otras veces todo lo contrario (hiperactividad), que me cuesta andar algunos días y otros estoy estupenda como si nada. Me siguen doliendo los huesos de la pelvis, a veces hasta crujen cuando cambio de postura. Pablo alucina. Y con respecto a las contracciones, creo que algunas veces tengo alguna muy suave, de estas que te ponen la barriga muy dura pero no duelen ni nada, pero poco más. Lo que sí he notado en la semana 38, es que hay días que me duele abajo como cuando te pones con la regla. Ha habido días que me venía el dolor y se iba al descansar un poco, pero también ha habido un par de días que ha sido constante y de hecho, me acosté bastante molesta pero por suerte, ayer por la tarde, justo antes de una buena sesión de cine, me empecé a sentir como si nada otra vez. Así que no sé que será todo esto, pero es lo que va sucediendo y hasta aquí puedo contar. Hoy de nuevo, me levanto con muy buen cuerpo y sin molestia alguna. Así que esto es un poco una montaña rusa jejeje.
 
 









Semana 36

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Bueno, ya queda atrás la semana 36 y entramos oficialmente en la 37. Queda muy poquito ya para que pasemos a hablar de una carita conocida en vez de una barriguita. Sólo 3 semanas aproximadamente.

A partir de la semana 37, los bebés se consideran a término. Quiere decir que si nace ahora, no es considerado prematuro si no con las mismas que si nace en la semana 40 o en adelante.

La gente por la calle me dice que ya tengo la barriga muy baja, que si tengo cara de esto o lo otro, que les voy a dar la patrona (12 Octubre) a los guardias y esas cosas; pero yo no noto diferencia. Me miro la barriga e igual está más baja que antes, sí, pero tampoco una cosa exagerada, es más, yo la veo algo alta aún. Con respecto a lo demás, pues no sé, pero yo apenas tengo las molestias y sensaciones que tienen mis compañeras de las clases de pre-parto hace ya semanas. Alguna que otra cosa sí que siento pero no diría yo que tanto como me cuentan ellas. A veces, me da "miedo" que mi cuerpo no esté preparado para el parto, ya que parece que "ensaya" bastante poco.

La habitación de Adri ya está preparada, la maleta del hospital también lista y sólo queda esperar.

Estos días, estoy muy sensiblona, ilusionada y asustada a la vez. Cuando llegue el bebé, va a venir toda la familia, lo normal. Para mi, es inevitable pensar también en mi pequeña familia 4 patas, Dexter y Toffee. Estos días, estoy que muero con ellos. Los miro, los abrazo, me refugio en ellos y pienso que no podría estar sin ellos nunca.
Nuestro peque Toff, tiene un problemilla con el miedo que le tiene a casi todo, lo cual hace que se irrite y ladre a todo lo que le resulta extraño. Siempre en la calle, pues en casa, como yo digo, el sabe que lo que queda dentro es FAMILIA y es el ser más cariñoso y entrañable del mundo.
La cosa está en que, justo después del parto, la casa va a ser un caos con tanta gente, familia, amigos, etc; entrando y saliendo, moviéndose de un lado a otro, llamando al timbre, más un bebé. Así, todo el día. Sinceramente, el bebé no me preocupa. Sé que Toffee lo amará con toda su alma y como ya he dicho, lo habitual en la casa, para él, siempre es FAMILIA. Entonces, él es todo amor incondicional.
Lo que me preocupa es que la situación para él, va a ser un auténtico caos, una bomba justo en el momento en el que estamos tratando de reconducir esos miedos, esa manera de comportarse ante los estímulos externos, y que cree una mala asociación de todo esto, empeorando su estabilidad.
Por eso, tras una noche dándole muchas vueltas sin poder dormir, llamé a Patri, de la asociación Pecass, que es la educadora canina de Toffee. Le conté la situación e inmediatamente estuvo de acuerdo conmigo en que teníamos que evitar esa masa de gente con Toffee en estos momentos, porque el pobre mio se va a asustar, no va a saber reaccionar y encima no será su culpa, si no nuestra por exponerlo a tal situación en un momento en el que necesita otra cosa. Patri se lo llevará al refugio los días que dure la familia aquí, trabajará con él, y después, una vez solos Pablo, yo y Adrián, podremos volver a estar con él y seguir trabajando su tranquilidad con total normalidad y calma. El objetivo de todo esto, es conseguir que mi pequeño Toff, sea capaz de salir a dar un paseo tranquilo por la calle sin agobiarse, que podamos llevarlo de excursión y a todas partes sin que se asuste por un mosquito que pasa por delante y ladre como un poseído. Y lo vamos a conseguir, pero claro, hace falta mucha paciencia y sobre todo, no exponerlo al estrés del que hablo más arriba en estos momentos tan críticos de aprendizaje para él.
¿Por qué hablo de esto hoy en el blog de embarazo? Pues porque para mí, ha sido algo que ha marcado esta semana, porque Toffee es parte de mi vida y de mi familia igual que cualquiera, y aunque entiendo y sé que lo mejor es hacer todo esto poco a poco, me da una "pena" tremenda, no tenerlo conmigo esos primeros días, pues sé que será un maravilloso hermanito para Adrián y yo lo quiero con toda mi alma. Lo bueno de la nostalgia post-visita familiar, es que tendremos la motivación de ver regresar a Toff y empezar nuestra andadura particular los 5 juntos también.

Paso un poco a contar lo relativo al embarazo, ya seriamente, de esta semana...

Las consultas
Ya tuvimos nuestra última clase con la matrona. A partir de ahora, creo que me limitaré a hacer los ejercicios en casa, ya que la teoría la tengo bastante clara después de varias semanas de charlas.

También tuve consulta con mi ginecólogo, que será quien me lleve el día del parto también. La verdad, que todo lo que diga de él es poco. Tengo una seguridad y una confianza en él tan grande, me conoce tan bien después de todo este tiempo, nos ha cuidado muchísimo desde el principio, se pone en mi lugar continuamente, es delicado y tan profesional, que no me entra la menor duda de que él va a saber llevarlo de la mejor manera posible. Tengo mucha suerte de haber dado con él. Al principio, la recomendación me llegó de las propias doctoras de la clínica. Había 3 ginecólogos y todas me decían, que tratara de escogerle a él. Luego las enfermeras con las que me he ido encontrando en los análisis también lo habían tenido para sus embarazos, las radiólogas del hospital, vecinas mías, mujeres con las que he ido hablando por la calle, también curiosamente me han hablado de él. No sé, está claro que se lo tiene ganado. Yo sólo puedo decir cosas buenas de él.

A lo que iba. Tenía que mostrarle los resultados de la eco de las 36 semanas. Todo OK. Como siempre, tensión y peso, recomendaciones y de repente va y me dice, que me tiene que hacer la prueba del Streptococo. Mi cara, un poema. No me la esperaba.
Consiste en sacar muestras vaginales y rectales para saber si tienes o no esa bacteria. En caso de tenerla, durante el parto, te administran unos antibióticos para evitar que se contagie el bebé al nacer.
Esta bacteria, por lo visto, se encuentra muy comúnmente en la vejiga e intestino de cualquier persona, pero claro, en el caso de dar a luz, habría que controlar que un ser tan delicado como un recién nacido, no se contagie.
Pues ya os imagináis, lo incómodo de la pruebecita. La verdad, que a pesar de eso, lo hizo hasta con gracia y luego, esa delicadeza que le caracteriza, teniendo en cuenta que era un momento de lo más tenso para mí.

Cuando me dijo que esta bacteria, a veces causaba infecciones de orina y cosas así, pensé: "Ya está, es mía seguro". Yo que me las cojo por mi y por el resto de mujeres, seguro que me toca. Miré los resultados de la última que tuve, hace unos meses y me salió la bacteria "Esterococo". Vamos, que yo pensé, pues coco y coco, estos son primos hermanos, vamos que algún coco debo tener jajajaja. Pues llegaron los resultados y... NO!! Parece que no son iguales, de ésta en concreto me libro jeje.

Lo que yo he sentido
Más cansancio al andar o dar paseos largos, punzaditas "ahí abajo" mientras andaba y dolor en los huesos de la pelvis sobre todo. Es que es raro, porque tengo días en los que siento todo esto de golpe y me los paso molesta y ando como una tortuguita, y días maravillosos en los que parece que pueda andar el camino de Santiago y nada, tan normal. Esta semana, ha habido un día, sólo uno pues no me ha vuelto a pasar, en que sí he sentido las famosas contracciones falsas de Braxton Hicks, seguidas de un dolor leve tipo "cuando te viene la regla". Venía de andar, comprar y me puse a cocinar después de limpiar en casa. Me empecé a encontrar regular porque había estado mucho tiempo de pie y al sentarme, fue cuando me dio todo esto. Como unas 10-12 seguidas y ahí paró. Me quedé algo molesta ese día pero ya está, no han vuelto más, al menos que yo las note, pues muchas veces se me pone la barriga muy dura pero no te sabría decir si es eso o el bebé. Que yo sepa, las he identificado, sólo esa vez.

Y poco más. Ya deseando que pasen las semanas. Todo el mundo me dice que descanse que después me voy a enterar. Y sí, seguro que es verdad, pero estoy harta de descanso. Necesito actividad YA. Para mi ha sido un año demasiado tranquilo, acostumbrada a todo el movimiento diario que yo solía llevar encima, así que no puedo esperar a que Adrián nazca ya. Por el momento, tengo ratos más relajados y momentos hiperactivos en los que me da por hacer mil cosas y tener la casa como si fuera un cuartel militar: todo en orden.

Habitación del bebé, parte II

martes, 22 de septiembre de 2015

Ya habíamos empezado a darle vueltas a cómo sería la habitación de Adri hace un tiempo, pero ahora está tomando forma y prácticamente, ya está montada. Aún nos queda por hacer alguna cosilla, como por ejemplo, comprar las barreras separadoras para que los perros no puedan pasar pero a su vez, no se sientan discriminados en todo esto. Nos interesa que sepan que ahí está el niño, que pueden mirar, oler y sentir que forman parte del nuevo cambio que está por venir.

Lo primero que se hizo fue pintar las paredes de nuevo. Les hacía falta un retoque. Para ello, contamos con la ayuda de Tere y Juan, los abuelos paternos, que lo hicieron en una mañana: montaron la lámpara, los móviles del techo, el avioncito y empezaron a clasificar la primera tanda de ropa. Fueron días también muy intensos. Parece que hay poco que hacer pero en realidad, es una barbaridad. Así que nos vino genial su ayuda.

Esta semana, hemos acabado el resto con mi madre. Vestir el cochecito, comprar el moisés y la ropa que faltaba, plancharlo todo, y terminar de dejarlo "cuco". También se lo ha comido ella sola.

Le vamos a tener que dar un gran GRACIAAAAAS a los abus, que nos lo han dejado todo hecho.

Para que nadie se me pierda en una explicación ultra larga, voy a intentar describir la habitación con fotitos y de la forma más clara posible, en plan esquema jejeje. ¡Qué son muchas cosas!

**Color: tenemos dos paredes pintadas de verde manzana muy clarito, y otras dos en blanco. La idea es colocar en la de blanco el vinilo de animales que hemos comprado en cuanto nos llegue, junto a una lámpara con forma de lunita que compramos en Ikea.

En cuanto tenga foto de cómo queda en la pared, la subo. Por lo pronto, sé que una amiga también lo compró y le ha quedado muy bonito. Está en amazon, a 10 euros. Estamos esperando a que nos llegue. Dejo el enlace: Vinilo Miryo Amazon

**Cortina: La cosa va de animalitos y colores pasteles en tonos amarillos y verdes. Por eso, nos decidimos por esta cortina de Verbaudet. Nos gustó mucho desde que la vimos y las estrellitas de fieltro hechas por Tere, en los extremos de la barra, quedan genial con el conjunto. No se ve tan bien como me gustaría pero es lo que da de sí mi cámara del móvil.


**Alfombra: siempre me han gustado las alfombras para las habitaciones. No es que sea muy grande pero el simple hecho de tener un espacio, aunque sea pequeño, donde tirarte sin zapatos sobre todo en otoño/invierno, me encanta. Además, de decoración queda perfecta, ya que son elefantitos al igual que en la cortina y tiene los colores de la habitación. 

**Carrito, cuna y moisés: excepto la cuna, que es tamaño cuna-cama, lo demás ya lo tenemos preparado. El carrito ya tiene sus sábanas y está listo para cuando tengamos que salir con Adrián. El moisés, o en este caso ha sido mini cuna, ha sido adquisición de última hora, también regalo de mi madre. Nos hemos decidido por esta mini cuna porque los moisés que habíamos visto, tenían una estructura bastante incómoda de trasladar, además de que una vez acabado su uso a ver que hacemos con la canastilla y los palos. Poco práctico y le dura menos tiempo. Pues por el precio del moisés aproximadamente, encontramos la mini-cuna, que se pliega y se convierte en maletín una vez no la quieras usar más, y se mueve de un lado a otro con mucha facilidad. Nos sirve para viajes, ya que es muy fácil de llevar. 




La cunita aún no está vestida, pero tenemos un móvil (que intentaré ver si se ajusta a la mini cuna) y un gatito musical que nos regalaron. Sólo quería hacerle la foto a eso de momento, ya que la cuna la dejamos para cuando Adri sea más grandote. De momento, dormirá con nosotros cerquita en el moisés.

**Más decoración: tenemos un móvil hecho de fieltro por Tere, que cuelga del techo. En la foto, aparece colgado de la puerta del armario, pero es porque se ha caído (estaba atado con un hilo muy finito) y yo no llego ni subiéndome a la escalera, así que esperaré a que llegue Pablo para recolocarlo. Le he puesto un lacito azul, que resiste más y su sitio es en el techo, justo encima de la cuna.

La pañalera también nos la han regalado Tere y Juan, los padres de Pablo por si alguien aún se pierde. 

En la estantería tenemos varios regalitos que nos han ido haciendo. Tenemos el osito solidario, regalo de los titos Inma y Javi, tenemos un peluche de estos que ponen música cuando tiras de la cuerdecita, un muñequito lindísimo que fue nuestro primer regalo de todos para Adrián, por mi prima Ana, y un fofucho del peque con su cajita preciosa y foto. Este me lo he dejado para el final porque merece especial mención, ya que es regalo de Paii y Plou, que se casaron este pasado 19 de Septiembre, y aunque no pude asistir a su boda, tuvieron este detallazo con nosotros. Yo quería haber viajado a Madrid para la boda pero por fecha, ya no me lo permitieron, así que me emocionó mucho que en un día que es totalmente de ellos, nos sorprendieran con esto. Además, no sabéis lo bien que nos ha venido la cajita, porque pasé el fin de semana buscando una que fuera bonita para la habitación, sin éxito, para poder guardar los chupes y cosas varias sueltas que tengo por ahí.

**Bañerita y mini bañera: de parte de mi primo Antonio y su mujer Laura. ¡Qué bien nos ha venido! La verdad que ya estamos asumiendo un gasto importante de todo y cuando ellos, sin decirles nosotros nada, se ofrecieron a pasárnoslas, nos supuso un gran alivio. Muy, muy agradecidos. Además, también nos mandaron el gimnasio de juegos y el cangurito, para poder llevar al bebé encima cuando salimos a la calle. Justo al lado, he colocado un cesto del Ikea para la ropita sucia de Adrián, y así no mezclarla con la nuestra.

De la típica lista de cositas que necesita un bebé, que si tijeritas, la perilla, termómetro, etc; hemos optado por un set de Toysrus que lo contiene todo y varias cosas de más por el precio que nos costaban dos de ellas a lo mejor. Tiene muy buena pinta y lo hay también en rosa. Esponjas, jabón neutro para bebés, toallitas y poco más.

**Cosas varias: el escucha y el esterilizador. Nosotros hemos ido, como no, a por las ofertas de final de verano. El esterilizador han sido 12 euros, vale que no es de Avent por ejemplo, pero ni falta que hace. Caben los mismo biberones y chupes, funciona igual y es mucho más barato. ¿Para qué más? El intercomunicador lo hemos escogido con lo básico. Ya los hay con cámara y de todo, pero yo pienso que para hacer videoconferencia con mi niño, ya si eso mejor me paso por la habitación, que con escuchar que llora o se despierta, me vale y me sobra. Tampoco nos hemos complicado con eso.

**La ropita: esta es la parte que más nos ha costado acabar. Que si toquillas, toallas, bodys, pijamitas, conjuntos, calcetines, manoplitas, baberos...en fin, una auténtica locura. Tenemos un separador de Ikea donde colocamos la ropita que nos han ido regalando de tallas superiores a la de recién nacido y la 56, los baberos, las toallas, mantas, sábanas y esas cositas. 

Además, en los cajones tenemos clasificados la ropita que no es posible colgar tan fácilmente con los bodys, calcetines a porrón (regalos todos y en especial del tito Dani), gorritos y cosas de ese estilo. Todo de la talle 50 y 56, para tenerlo a mano y así conforme vaya creciendo Adrián, hacemos el cambio a los cajones.


Y por último, la vista del interior del armario, con todos los conjuntos, pijamas, y demás que tenemos para la talla 50 y 56 también. Todo organizado para así no perdernos. El fondo de armario es prácticamente cosa de los abus Ortega y de mi madre, que nos lo han puesto así de hermoso. Para separar ambas tallas, tenemos un saquito de estos para meter al bebé cuando hace frío. Mi madre no se pudo resistir cuando lo vio y a mi la verdad, que me encantan. ¡Se ven tan monos!

Y ya de verdad que si que no me dejo nada de nada. El vinilo queda por colocar, pero eso hasta que nos llegue no hay mucho más que pueda hacer por enseñároslo. Los colores de la pared, no consigo sacarlos en una buena foto como para que se vean bien, pero bueno, quien quiera verlo en conjunto, que nos haga una visitilla jejeje.

¡¡Eso es todo!! Ahora sólo queda esperar...






Semana 35

lunes, 21 de septiembre de 2015

Todavía no he entrado en la semana 36 pero queda muy poco, así que me siento con experiencia suficiente y sobre todo ánimos en estos momentos de ponerme a escribir. Tengo que matar el tiempo...

Estos días he estado acompañada de mi madre. ¡Qué buenos ratos son esos!
Hemos troteado Palma buscando lo que faltaba para tener el armario de Adrián preparado. Creo que no le falta nada por tener de la talla 50 (recién nacido) o 56, ya que mi madre ha arrasado con las existencias de aquellas tiendas que hemos visitado y comprado de todo diciendo eso de que "es que nace desnudo".

No puedo creer que ya tengamos 8 meses. Sabes que falta muy poco, que puede ser en cualquier momento o por el contrario, alargarse más allá de lo esperado pero lo cierto, es que esta incertidumbre me pone nerviosa. Me entra un poco de sensación de fatiga, como si se me retorciera el estómago por unos segundos, cada vez que me da por recordar que es que no queda nada.
Sigo teniendo miedos cada dos por tres, pero ¿quién no los tiene a esta altura? Más que nada puedo decir que ya tengo muchas ganas de que pase el tiempo y nazca.

La consulta de esta semana
Como ya mencioné, ahora tenemos revisión cada dos semanas y así, imagino será hasta el parto. Bueno, aún no me ha tocado visitar a mi ginecólogo pero si toca mañana y hoy ha sido la ecografía del 3 trimestre en el hospital, justo un día antes. He hecho coincidir las citas prácticamente el mismo día porque así, mañana únicamente le llevo el informe para que lo revise, que será del día de hoy, y no tendrá la necesidad de repetirme la eco, ni de medir al bebé ni nada, pues dudo yo que cambie mucho con un día de diferencia. Vamos, que mañana será pin pan pun, me mandará la analítica correspondiente y poco más, por eso también aprovecho para escribirlo hoy.

Bueno, pues eso, que a parte de las revisiones con mi doctor en la clínica, tenemos que hacer siempre una serie de ecografías específicas en cada uno de los trimestres y por esa razón, hoy hemos tenido cita con el hospital donde voy a dar a luz. Ha sido más o menos rapidita en comparación con las otras de este estilo. Poca cosa se podía mirar. Adrián ya es muy grande y por mucho que enfoques, sólo ves partes e incluso cuesta diferenciar qué es qué, al menos para mi que no soy experta en el tema.
Pues nada, le ha medido como siempre la cabecita, el torso, el fémur; le ha mirado las manitas, la cara y por lo demás, ha sido sacar un peso orientativo, ver cómo está la placenta y ya. El radiólogo lo veía todo estupendamente pero nosotros, apenas apreciábamos algo.

Resumen del informe:
Todo OK. Las medidas corresponden a aproximadamente 36 semanas, el crecimiento es normal y el peso estimado son 2,817 gramos. Su cabecita, al parecer, ya está bastante metida hacia abajo.

Lo que yo he sentido
De nuevo, nervio, mucho nervio jeje. A parte de eso, pues imagino que lo propio, más cansada, más lenta andando que el resto de la gente que me acompaña jajaja, a veces algo de dolor de barriga como si no hiciera bien las digestiones, que el cuerpo me pide comer más a menudo y poco más.
Los movimientos siguen siendo como los de las últimas semanas: más lentos pero más intensos, sobre todo bultos que sobresalen y se mueven de izquierda a derecha según le de (me dicen que es el culete), y aunque tiene días más tranquilos, también tiene otros de no parar. Una de estas noches se pasó moviéndose sin parar más de 2 horas mientras veíamos la tele. La verdad que mientras duermo, yo no lo siento apenas. Quizás es que entro en coma pero me extraña, porque soy de sueño ligero. Me debe pillar cansada o sin prestar atención, pero si acaso noto que se despierta un poco si voy al servicio o si cambio de postura. En cualquier caso, cuando digo de irme a la cama, duermo bien y él se porta.

Mi barriga ya es una barrigota. Aquí dejo la prueba...

Semana 34

jueves, 17 de septiembre de 2015

¡Hola de nuevo!
Esta semana ya hacemos 35 semanas, y a toro pasado, cuento un poco todo lo que ha pasado la semana anterior, que es la que corresponde. Han sido unos días un poco intensos. Hemos tenido cita tanto con el ginecólogo como con la matrona y he pasado noches un poco moviditas porque creo que inconscientemente empiezo a ponerme algo nerviosa. Me levanto muchos días con ese pinchacito en la barriga y tengo sueños con el bebé y alguna que otra preocupación casi cada noche. Se nota que se acerca el momento.

Estos días, he aprovechado para terminar de comprar y lavar la ropita de Adrián, pero lo primero ha sido un fracaso... No termino de saber bien qué es cada cosa, cuánto se necesita de todo, qué tengo ya en casa, etc. Así que espero a que mi madre, que viene hoy, me ayude estos días a terminar con esto porque soy un desastre.

Esta semana hemos tenido visita. Dani (hermano de Pablo) y un amigo suyo. La verdad que da gusto tener compañía de vez en cuando, a pesar de que en estos momentos yo no sea la mujer más divertida del mundo. Me he convertido, literalmente, en una tortuga andando, y subiendo cuestas mejor ni hablemos. Sigo con mi termostato averiado y me sorprende pasar del calor exagerado, al frío de repente. Es raro ver que Pablo se tapa por las noches y yo me quito hasta el pijama para dormir encima de las sábanas, cuando siempre ha sido al revés. Algo muy bonito que destacaría de esta semana sería una tarde que estábamos sentados Pablo, Dani y yo en el sofá, y la barriga empezó a menearse de un lado a otro, haciendo olas y pegando golpes hacia fuera como sacando un bracito o una pierna. Todo eso durante un buen rato. La cara de los tres era de alucine. Es algo muy emocionante.

Las visitas
Con el ginecólogo, lo de siempre. Control de peso, tensión, ecografía rápida e indicaciones para las próximas 2 semanas. Adrián pesa esta semana 34, en torno a 2.300gr y ya es un bebé perfectamente capaz de sobrevivir fuera si naciera, con un buen peso. Como siempre, vemos que está muy bien, que es grandote y que según el doctor, aunque está en cefálica, aún no tiene mucha intención de salir, pues está muy arriba aún. Hablamos del parto, del hospital y esas cosas. Me dijo que él estaría allí y que no me iba a dejar sola ni aunque fueran las 3 de la madrugada y le tocara cambiar turno. Eso lo sé. Por algo confío mucho en él.

Con la matrona tuvimos la charla de lactancia parte 1. Básicamente, cómo empezar, cómo se hace, pautas, el debate de la lactancia a demanda, posturas cómodas para dar el pecho y mitos a destripar como el hecho de que ciertos alimentos están vetados para las que dan de mamar porque ponen "mala" la leche. Nos dijo que podíamos comer absolutamente de todo, salvo cafeína en exceso y alcohol. Esto además, lo corroboré con un libro que me han recomendado, "Un regalo para toda la vida", escrito por un pediatra y que está muy bien, pues es una especie de libro de consulta con todas las posibles dudas que me puedan surgir al respecto dado el momento. Otro libro más a la biblioteca de embarazo.

Lo que yo sentí
Esta semana, más nervio que otra cosa. No sé si están las hormonas de nuevo haciendo de las suyas, pero soy todo miedos, de estos que son como mariposas continuas en el estómago y a veces, según lo pienses mucho o no te da hasta sensación de fatiga. A lo que viene después, si sabré hacerlo bien, si el bebé estará sanito y bien con todo, si será un bebé cariñoso, curioso, qué corresponde a cada etapa y todas esas cosas que se pasan por la cabeza imagino a más de una tan cerca de la fecha. O igual es que soy yo un poco rara...jeje.

Por lo demás, poco más he sentido. Podría decir que bastante flojera también. Ahora me apetece más estar tirada que antes y si salgo a dar un paseo o lo que sea, casi siempre necesito un parón a medio día o algo para descansar un poco. También me duelen los huesos de la pelvis esta semana, pero lo atribuyo en gran parte a mis excesos con la pelota de pilates. Creo que tengo agujetas más que otra cosa jeje.

Voy a comentar de paso algo que no he sentido aún, o creo no haber notado nunca. Igual ha pasado desapercibido pero yo la verdad, como si nada. En las clases pre-parto hablan muchas chicas de las famosas contracciones de Braxton Hicks. Son contracciones preparatorias indoloras que no inducen el parto, por eso se las llama muchas veces contracciones falsas. Pues bueno, yo no sé que son, ni las he notado. De haberlas tenido, ni me he dado cuenta. O sea, que o mi útero es un vago y pasa de hacer calentamiento para el parto o soy yo que ando alelada perdida.

Poco más que añadir. La barriguita sigue creciendo y cada vez queda menos para la fecha prevista que ronda el 20 de Octubre.




 
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